¿Has sentido al menos una vez el deseo de llegar tarde al trabajo, o de abandonarlo antes de hora?
En tal caso has entendido que:
El tiempo de trabajo cuenta doble pues es tiempo perdido dos veces:
como tiempo que sería más agradable emplear en el amor, en el ensueño, en los placeres, en las pasiones; como tiempo del cual disponer libremente.
como tiempo de desgaste físico y nervioso.
El tiempo de trabajo absorbe la mayor parte de la vida, pues determina asimismo el tiempo llamado “libre”, el tiempo de dormir, de desplazamiento, de comida, de distracción. Afecta también al conjunto de la vida cotidiana de cada cual y tiende a reducirla a una sucesión de instantes y de lugares, que tienen en común la misma repetición vacía, la misma ausencia creciente de vida auténtica.
El tiempo de trabajo forzado es una mercancía. En todas partes donde hay mercancía hay trabajo forzado, y casi todas las actividades se asemejan progresivamente al trabajo forzado: producimos, consumimos, comemos, dormimos para un patrono, para un jefe, para el Estado, para el sistema del la mercancía generalizada.
Trabajar mas es vivir menos.
En realidad, ya est luchando, conscientemente o no, por una sociedad que asegure a cada cual el derecho a disponer por sí mismo del tiempo y del espacio; de construir cada día su vida como la desea.
Podemos afirmar sin gran riesgo de equivocarnos, que tras el político y el sindicalista, el artista es en España el ser más universalmente despreciado. Si las razones por las que se le desprecia son a menudo falsas y revelan la ideología dominante, las razones por las que efectivamente es despreciable y despreciado desde el punto de vista de la critica revolucionaria, son rechazadas e inconfesadas.
“El sudor y la sangre de la gente es utilizada y explotada. Nos hacen producir mierda … nos dan migajas mientras su clase se llena los bolsillos con enormes beneficios … la clase dominante … las SGAE de este mundo. Luego, cuando nos quitamos el mono de trabajo, limpiamos la mierda de nuestras caras y cogemos el aburrido autobús o tren a casa, de repente nos transforman en consumidores. En otras palabras cuando no estamos trabajando nos obligan a comprar … la misma mierda que produjimos. El mismo miserable sueldo que nos dieron nos obligan a gastarlo en comida basura, en máquinas especialmente diseñadas para estropearse, y en casas que sabemos parecen prisiones, se sienten como prisiones.
Prisiones que ayudamos a construir. Y pagar (más específicamente prometimos pagar en los treinta años que vienen porque nunca tenemos dinero suficiente para pagar una casa o un oche o lo que sea - ell@s tienen que explotarnos más aun haciéndonos pagar interés).
Construimos las cárceles y luego las habitamos. Producimos mierda y luego nos la comemos. Productor@s de mierda consumidor@s de mierda. [...]
Que se junten diez hombres y mujeres que estén decidid@s sobre el relámpago de la violencia en lugar de la lenta agonía de la supervivencia; a partir de este momento acaba la desesperanza y comienzan las tácticas.
Poder para el pueblo.”