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	<title>El blog del Pistolero Zurdo &#187; estado</title>
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	<description>El hombre de negro huye a través del desierto, y el pistolero zurdo va en pos de él</description>
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		<title>Del nuevo idolo</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 20:08:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>xose</dc:creator>
				<category><![CDATA[libros citas ideas]]></category>
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		<category><![CDATA[política]]></category>

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		<description><![CDATA[Así hablaba Zaratrusta. Friedrich Nietzche
En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abridme ahora los oídos, pues voy a deciros mi palabra
sobre la muerte de los pueblos. Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos
Es frío incluso cuando miente; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong><em>Así hablaba Zaratrusta. Friedrich Nietzche</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.<br />
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abridme ahora los oídos, pues voy a deciros mi palabra<br />
sobre la muerte de los pueblos. Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos<br />
Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: «Yo, el Es-<br />
tado, soy el pueblo.»<br />
¡Es mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de<br />
ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.<br />
Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos sus-<br />
penden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.<br />
Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal<br />
de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.<br />
Esta señal os doy cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no<br />
la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje propio en costumbres y derechos.<br />
Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, mien-<br />
te &#8211; y posea lo que posea, lo ha robado.<br />
Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus<br />
entrañas.<br />
Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En<br />
verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!<br />
Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!<br />
¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia!<br />
«En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de<br />
Dios» &#8211; así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas yvista corta se pos-<br />
tran de rodillas!<br />
¡Ay, también en vosotros, los de alma grande, susurra él sus sombrías mentiras! ¡Ay, él<br />
adivina cuáles son los corazones ricos, que con gusto se prodigan!<br />
¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado<br />
en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa prestando culto al nuevo ídolo!<br />
¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío<br />
monstruo &#8211; gusta de calentarse al sol de buenas conciencias!<br />
Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis se compra así el<br />
brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.<br />
¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados! ¡Sí, un artificio<br />
infernal ha sido inventado aquí, un caballo de la muerte, que tintinea con el atavío de<br />
honores divinos!<br />
Sí, aquí ha sido inventada una muerte para muchos, la cual se precia a sí misma de ser<br />
vida: ¡en verdad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte!<br />
Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Es-<br />
tado, al lugar en que todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos &#8211; se llama «la vida».<br />
¡Ved, pues, a esos superfluos! Roban para sí las obras de los inventores y los tesoros de<br />
los sabios: cultura llaman a su latrocinio &#8211; ¡y todo se convierte para ellos en enfermedad y molestia!<br />
¡Ved, pues, a esos superfluos! Enfermos están siempre, vomitan su bilis y lo llaman pe-<br />
riódico. Se devoran unos a otros y ni siquiera pueden digerirse.</p>
<p style="text-align: left;">¡Ved, pues, a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres.<br />
Quieren poder y, en primer lugar, la palanqueta del poder, mucho dinero, &#8211; ¡esos insol-<br />
ventes!<br />
¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran<br />
al fango y a la profundidad.<br />
Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer &#8211; ¡que la felicidad se sienta<br />
en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono &#8211; y también a menudo<br />
el trono se sienta en el fango.<br />
Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Su ídolo, el frío<br />
monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.<br />
Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus con-<br />
cupiscencias? ¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre!<br />
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos!<br />
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!<br />
Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos<br />
lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.<br />
Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes.En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!.<br />
Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la<br />
canción del necesario, la melodía única e insustituible.<br />
<strong>Allí donde el Estado acaba, &#8211; ¡miradme allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre? ­</strong></p>
<p>Así habló Zaratustra.</p>
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